Este ensayo visual explora el corazón del pueblo Bora (Miamunaa), guardianes de la palabra y el mito en las cuencas del Ampiyacu. Bajo la penumbra sagrada de sus malocas circulares, las fotografías capturan una herencia que se lleva en el cuerpo y se escucha a kilómetros de distancia: el retumbar del imponente tambor de caoba, el trance místico de sus danzas y los rostros pintados con el patrón de la boa. Una crónica fotográfica sobre la dignidad de una comunidad que teje su memoria allí donde el bosque se vuelve infinito.